El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, trasladó este martes a su gabinete su intención de continuar al frente del Ejecutivo británico pese al creciente malestar interno dentro del Partido Laborista.
La presión sobre el líder laborista se ha intensificado después de que más de 90 diputados hayan reclamado públicamente su salida y comenzaran las primeras dimisiones en el seno del Gobierno.
Durante la reunión con sus ministros, Starmer admitió que las últimas 48 horas habían sido «desestabilizadoras» para el Ejecutivo en plena revuelta interna. Paralelamente, el sector afín al primer ministro difundió un documento supuestamente respaldado por 102 diputados laboristas en apoyo a su continuidad.
Sin embargo, varios parlamentarios incluidos en esa lista han asegurado posteriormente que nunca firmaron dicho texto.
La controversia coincide con las informaciones publicadas por distintos medios británicos, que sitúan ya en más de 92 los parlamentarios laboristas que exigen la renuncia de Starmer, superando el umbral mínimo de 81 apoyos necesario para activar formalmente un proceso de relevo en el liderazgo del partido.
A la presión parlamentaria se ha sumado además la dimisión de la ministra de Descentralización, Fe y Comunidades primera integrante del Gobierno en abandonar el cargo en plena crisis interna contra Starmer. También han presentado su renuncia cuatro subsecretarios de Estado laboristas.



