Joan Monràs, director de la Barcelona School of Business (BSE): “Los efectos de la inmigración en el mercado laboral son muy heterogéneos”

Joan Monràs, director de la Barcelona School of Economics (BSE), ha acudido a la Fundación Ramón Areces para abordar una cuestión que está presente de forma permanente en el debate político y social: ‘El impacto de la inmigración en el mercado laboral’. Tras presentar una síntesis de la evolución de la investigación económica acerca de este fenómeno, ha concluido que “los efectos no son uniformes y que deben analizarse integrando tanto la dimensión productiva como la de consumo”. “Los efectos de la inmigración en el mercado laboral son muy heterogéneos. Hay gente que gana. Hay gente que pierde”, ha resumido todo ese trabajo de investigación. Y ha explicado por qué sucede esto.

A su juicio, la literatura académica ha ofrecido resultados aparentemente contradictorios, con trabajos que documentan efectos negativos y otros positivos, alimentando así aún más el debate público. “El reto consiste en entender las fuerzas en juego, quiénes llegan, en qué sectores trabajan y qué consumen. No es solo más gente, también hay que ver qué tipo de gente está llegando… y además los migrantes no son solo trabajadores, también son consumidores y, por lo tanto, producen efectos muy variados”.

Para ordenar este debate, ha propuesto una guía basada en tres piezas clave: la intensidad de los inmigrantes en la producción de cada sector, la intensidad de los inmigrantes en el consumo sectorial y la movilidad de los trabajadores entre sectores. Ha expuesto, asimismo, que hay actividades, como el turismo, donde los inmigrantes son particularmente relevantes, mientras que, en otras, como las telecomunicaciones, la electrónica y ciertos servicios financieros vinculados a remesas, su peso es mayor en consumo. “Con estos tres conceptos podemos llegar a un modelo muy general”, ha afirmado, según el cual “el cambio en el salario de un nativo en un sector tras la llegada de inmigrantes resulta de la combinación de la demanda adicional que aportan los migrantes y del grado de complementariedad o sustitución en las tareas”.

A su juicio, es necesario medir similitudes ocupacionales, elasticidades de sustitución en consumo y la capacidad de los trabajadores para reubicarse entre sectores. Joan Monràs también ha recordado durante su conferencia en la Fundación Ramón Areces el paradigma clásico que trata a los inmigrantes únicamente como un aumento de la oferta de trabajo con trabajadores homogéneos, que defiende que se produce una caída salarial. En este punto, ha recordado el célebre episodio de Mariel Boatlift de 1980, que produjo una llegada rápida e inesperada de trabajadores a Miami procedentes de Cuba, y la comparación con ciudades similares de Estados Unidos sin ese ‘shock’ migratorio: “Lo que deberíamos encontrar es la caída de los salarios”, ha dicho al reconstruir la expectativa del modelo básico, para concluir que, “en realidad, no sucedía absolutamente nada”.

Sobre aquel “experimento natural”, ha añadido que la competencia se da entre perfiles similares por sector o nivel educativo. Al focalizar en Miami y en trabajadores con menor nivel educativo -grupo al que pertenecía gran parte de los migrantes cubanos de 1980- se observa una caída salarial inmediata seguida de una recuperación posterior. “Sí puede haber efectos sobre los salarios, pero también es cierto que las economías no son estáticas”, ha matizado.

Para el director de la Barcelona School of Business, de este debate emergen tres mensajes: la importancia de la heterogeneidad entre trabajadores, la relevancia de los mecanismos de ajuste y recuperación y la necesidad de ampliar la evidencia de Mariel Boatlift ante la escasez de datos comparables. Así, según ha comentado, “con la llegada de inmigrantes, se produce un efecto de competencia que presiona a la baja los salarios de nativos con tareas similares y un efecto escala por el cual los menores costes impulsan a las empresas a producir más”. “Hay un efecto competición, sí… ¿ocurre esto siempre? No. Hay otros efectos, efectos a escala, que tienden a mitigar estos efectos anteriores”.

Joan Monràs ha concluido su intervención con una llamada a abandonar respuestas monolíticas y a evaluar los efectos de la inmigración con instrumentos que tengan en cuenta la heterogeneidad de estos procesos. “No hay respuestas fáciles”, ha resumido. “Lo que tenemos que entender es cómo funcionan los mercados laborales… y cuáles son las fuerzas que están en juego cuando los inmigrantes que llegan son de este tipo particular, consumen de esta manera y entran en estos mercados en vez de otros”. En conjunto, ha pedido superar las visiones de “un solo número” y diseñar políticas que acompañen la adaptación de las economías a los flujos migratorios, considerando ganadores y perdedores por perfil, sector y territorio, e integrando competencia, escala, demanda, capital, tecnología y servicios públicos en la evaluación del impacto total de la inmigración sobre los salarios y el bienestar real de nativos e inmigrantes.

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