La Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Exterior (RAICEX) y la Fundación Ramón Areces han organizado el evento ‘Somos RAICEX’ para mostrar las inquietudes de los más de 4.500 investigadores españoles asociados en 38 países.
Durante dos días, el evento reúne a investigadores de referencia mundial, representantes de las 22 asociaciones de RAICEX y a instituciones clave del sistema de I+D+i. Entre ellos, el encargado de la conferencia inaugural ha sido el prestigioso neurocientífico de la Universidad de Columbia Rafael Yuste, quien ha mostrado cómo el talento español impulsa la ciencia global.
Yuste, cuyo campo de investigación abarca la neurociencia, la neurotecnología y los neuroderechos, es un referente global en el estudio de los circuitos corticales y en el desarrollo de tecnologías para el análisis de la actividad cerebral. Fue uno de los impulsores de la Brain Initiative en Estados Unidos y un promotor clave del debate internacional sobre los neuroderechos y las implicaciones éticas de las neurotecnologías.
Formado inicialmente en Medicina en la Universidad Autónoma de Madrid, se doctoró en la Universidad Rockefeller y ha desarrollado una trayectoria internacional de cuatro décadas, que ahora busca conectar de nuevo con España para impulsar la ciencia desde una nueva iniciativa estructural.
En ese marco, ha hablado de la creación del Centro Nacional de Neurotecnología como eje de Spain Neurotech, una red de neurotecnología española con vocación europea, fruto de la colaboración entre distintas administraciones -entre ellos el Gobierno Central y la Comunidad Autónoma de Madrid– y del impulso de los fondos de reconstrucción europeos tras la pandemia de Covid-19.
“La Comunidad de Madrid y el Gobierno han comprometido 80 millones de euros cada uno en un plan a 15 años, complementados con 40 millones de financiación europea, para desarrollar métodos de medición y modulación de la actividad cerebral con objetivos científicos, médicos y económicos, todo bajo un marco ético de respeto a los derechos humanos”, ha explicado.
El centro se ubicará en Cantoblanco, en la Universidad Autónoma de Madrid, en un edificio ya disponible y hay acuerdos avanzados con varias Comunidades Autónomas para acoger unidades asociadas. “El objetivo es repatriar talento, potenciar el ecosistema de innovación y situar a España en la vanguardia europea de la neurotecnología. Quiero transmitiros un mensaje de optimismo y esperanza. Los fondos ya se han garantizado, pues salieron publicados en el BOE, con lo cual ya no hay marcha atrás”, ha añadido Yuste.
Ha reconocido su satisfacción por volver a su tierra -“al menos la mitad del año”- para liderar este proyecto. “Tendré un pie en España y otro en Columbia en favor de la ciencia española, atrayendo financiación y talento y reforzando la comunidad científica del país. España me tiene que ‘monetizar’, convertirme en dinero para invertir en la ciencia española”, ha expresado sobre la necesidad de devolver a su país parte de todo lo que recibió en su periodo de formación.
También ha dejado una exhortación a la responsabilidad individual y colectiva: “No escogisteis donde nacisteis, sois unos privilegiados… tenemos que ayudar a la sociedad que nos ha marcado”.
“El secreto del éxito es tener voluntad”
“Lo que importa en la vida, para tener éxito, no es ser rico, ser guapo o tener conexiones, sino tener voluntad, tener ganas de acometer nuevos proyectos”, ha expresado. Yuste ha reivindicado el papel de la voluntad y la vocación científica en su formación. Y ha recordado asimismo cómo le capturó desde el principio “la idea romántica del héroe científico que está ahí encerrado con su microscopio ayudando a la humanidad”. También ha resaltado el argumento de Cajal sobre la voluntad como motor del éxito.
Tras su paso por la Fundación Jiménez Díaz, el investigador ha recordado su etapa decisiva en el laboratorio de Sydney Brenner, donde abrazó la ciencia fundamental y el rigor experimental, inspirado por el descubrimiento del código genético. “Yo lo que quería hacer era un experimento de ese tipo en neurociencia”, ha admitido. Esa aspiración derivó en el reto central que ha guiado su carrera: descifrar el código neuronal, es decir, cómo los disparos de las neuronas codifican pensamientos, recuerdos y emociones.



