Kevin O’Rourke: “El mundo ya no se está haciendo más global”

La Fundación Ramón Areces y el Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid han organizado un debate para analizar ‘La economía mundial ante la desglobalización: ayer y hoy’. En él han intervenido Kevin O’Rourke, director de investigación del Centre National de la Recherche Scientifique y profesor de Economía en Sciences Po Paris, y Juan Luis Gimeno, director general de Inteligencia Económica y Comercial del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa.

La sesión, moderada por Miguel Artola, profesor de Historia Económica en la Universidad Carlos III, se ha enmarcado en una línea de debates que en los últimos meses ha acercado a responsables públicos y economistas en torno a retos como la desigualdad y las tensiones geoeconómicas. “Hemos querido propiciar un intercambio que no es habitual, menos aún en España, entre la academia y quienes están en primera línea de las políticas económicas”, ha señalado Artola al abrir el acto.

El encuentro ha abordado el punto de inflexión que vive la economía mundial tras décadas de integración creciente, con especial atención a la posible transición desde la globalización como proceso a la globalización como estado. Kevin O’Rourke ha precisado que “globalización puede significar un proceso, hacerse más global; y claramente el mundo ya no se está haciendo más global, aunque el mundo siga estando muy globalizado”. Ha recordado que, pese a disrupciones recientes, el nivel de interconexión sigue sin tener precedentes en otro momento de la Historia.

En esa línea, ha apuntado a un cambio secular alimentado por la crisis financiera de 2008, la emergencia climática y el retorno de la guerra como condicionante económico. “Incluso el economista más liberal admite que la seguridad nacional es una excepción relevante”, ha sostenido, añadiendo que nuevos incentivos como gravar el carbono encarecerán el transporte y ajustarán ciertos márgenes de comercio, un cambio “deseable si se considera la crisis climática prioritaria”.

Desde la perspectiva institucional, se ha coincidido en el diagnóstico de mayor volatilidad y en el uso de instrumentos públicos para asegurar resiliencia. “En los próximos años vamos a ver más choques y un cambio en la forma en que los países conciben la globalización, con más política económica neoestratégica y más intervencionismo”, ha explicado Juan Luis Gimeno. El director general de Inteligencia Económica y Comercial del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa ha matizado: “El año pasado, el comercio global creció un 4,6%, así que seguimos teniendo globalización, pero de otra naturaleza”.

Asimismo, ha alertado sobre una creciente polarización en bloques “sobre todo liderada por Estados Unidos” y ha defendido una estrategia abierta y no alineada que preserve el acceso simultáneo a polos tecnológicos y comerciales: “No queremos quedar encuadrados en un solo bloque con el riesgo de caer en el lado equivocado del telón; queremos estar a la vanguardia en inteligencia artificial en pocos años”.

La conversación ha explorado los indicios prácticos de la desglobalización y el papel de los precios como señal para el ciudadano medio. Se ha destacado que en un entorno más proteccionista los primeros síntomas pueden ser el encarecimiento de bienes básicos. “Se impusieron aranceles al trigo y subieron los precios de los alimentos y puedo garantizar que la gente corriente lo sentía, porque todos gastamos  una gran parte del presupuesto en alimentación”, ha recordado Kevin O’Rourke. Y ha evocado a los años treinta del siglo pasado: “Los estadounidenses impusieron aranceles en 1930, luego todos respondieron, y de nuevo hubo subidas de precios”. 

Según estos expertos, el reto está en combinar comercio con motores internos de crecimiento: “Las fuentes de crecimiento son la formación, la educación, mejores mercados de capital, promover la inversión y culminar el mercado interior.

El comercio es un complemento importante, pero no un sustituto”, ha expresado O’Rourke. En clave europea y española, se ha subrayado la relevancia de los acuerdos con Canadá, Japón y Chile y la vocación de economía “radicalmente abierta” dentro de la UE, con un éxito sustentado en la exportación de servicios. Mirando al futuro, se ha anticipado un desplazamiento de la negociación hacia el plano institucional: “Antes, en un mundo abierto, nos centrábamos en la promoción comercial… Ahora, cada vez más, la carga va a recaer en el lado institucional, en tratar con otros gobiernos y casar prioridades”, ha explicado Juan Luis Gimeno.

La hoja de ruta incluye diversificar clientes y profundizar vínculos con América Latina y Asia: “Para nosotros, la estrategia es clara: diversificar clientes. Miramos más a América Latina y cada vez más a Asia, reforzando relaciones con India, Vietnam, Corea o Japón”, ha añadido. 

El debate ha abordado también la respuesta adecuada ante el proteccionismo externo, incluyendo la disyuntiva entre firmeza y evitar escaladas. “Si quieres que la gente cumpla las reglas, tienes que castigar su incumplimiento. Lo que no habría hecho es premiar que rompieran las reglas”, ha señalado Kevin O’Rourke. Sobre la seguridad tecnológica, se ha puesto el énfasis en políticas industriales activas y en la soberanía sobre software y datos.

Se ha insistido en separar las respuestas de represalia comercial de las intervenciones orientadas a corregir fallos de mercado en áreas duales como defensa y semiconductores. “No se puede confiar en los estadounidenses para armas y sistemas, ya que Trump está trabajando en un interruptor de apagado en los F-35”, ha recordado O’Rourke. Y al mismo tiempo se ha abogado por diversificar plataformas y proveedores en Europa así como por dominar capas críticas de software para evitar este tipo de bloqueos.  

Los ponentes han advertido, además, del uso geopolítico de las materias primas críticas y de los riesgos de escalada si se reactivan restricciones a la exportación de insumos físicos. En el frente financiero y comercial, se ha criticado el énfasis en el equilibrio bilateral como herramienta de coerción. “El enfoque de Trump se centra en el proteccionismo estratégico, considerando el período de entreguerras y la Gran Depresión como analogías”, ha señalado O’Rourke. “La insistencia en un balance bilateral se considera preocupante; solo se da importancia a las exportaciones e importaciones”, ha añadido Gimeno, subrayando la necesidad de mapear dependencias y tejer alternativas país a país. En este contexto, se ha llamado a preservar un sistema multilateral abierto y a evitar repetir los errores de aquellos años treinta. 

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